Siento, al ver este cuadro, la representación básica de mi deseo en escena. Ese instinto primario que mueve la escena desde la imagen. Percibo que esta pareja es la pareja que está ahí. Se aman, se sienten, se desean, pero no se ven. La máscara está presente en el texto de Pinter en gran parte de sus textos. Ella no es ella, es una prostituta; pero él tampoco es él, es el Amante. Decido, por lo tanto, centrarme en una relación de pareja en la que ambos juegan con el otro para dejar en evidencia que algo oculto hay que no son capaces de decir, que deben manifestarlo con otros signos, con otras mímesis, lo que además trae como consecuencia la necesidad de pedirle a los actores que a través del texto, que en mi caso ya pasó a segundo plano, jueguen con estas máscaras.
Tras varias lecturas del texto decido hacer una adaptación que se irá armando en la medida que se vaya jugando en escena. No es que no me guste el texto, pero me aburre, lo encuentro lento. Creo que el Teatro debe tener un ritmo acorde a nuestros tiempos. Siento que hay algunos elementos que no están dentro de él y que quiero traspasar a la escena. Independientemente del enfoque sicológico que le quiero dar al montaje, juego con la repetición de algunas frases, con insertar un mayor movimiento. No quiero un texto estático. Busco un texto de la acción, que sus palabras llamen al movimiento.
